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El conjunto ocupa una superficie
total de 2.700 m2.
Con el comienzo del siglo XVII, Santoña levantó
el reducto de San Martín (donde se emplazaba una ermita
bajo esta advocación) frente a la punta de La Salvé,
fuerte del que ya tenemos noticias en 1614, que constaba de
una plataforma con cuatro piezas de hierro; fue durante decenios
la única que se alzó en Santoña.
En 1655, Santoña no contaba otra defensa "que un
pequeño fuerte de Piedra que se comenzó cuando
el Arzobispo de Burdeos estuvo en aquella costa y estaba sin
acabar...”•. Pero otro asiento de tres galeones
y "...los avisos que sean recibido del designio que franceses
tienen contra las 4 villas yendo a desembarcar a santoña..."
impulsaron al Rey a emitir Real Cédula para asegurar
la correcta fortificación de la Bahía. de Santoña,
como sabemos por la existencia de un Memorial dirigido al Rey,
venía reclamando la terminación de la batería
de San Martín, sugiriendo que habría que dotarla
de "media docena o una del genero que pareciese que podrán
ser de los que se fabrican en Lierganes, que son de buen metal,
supuesto que de bronce no los ay...". Además de
las ventajas que para la defensa de todo el fondeadero tendría
esta ubicación, alegaban la posibilidad cierta de conjurar
"...el riesgo de venir a quemar los galeones que en este
puerto se fabrican por asentistas para V. Mag. como hoy se hacen
con efecto”. |
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Juan de Urbina Eguiluz montó
en sus explanadas cuatro cañones, dando orden en junio
de acudir a realizar diversas obras de campaña a los
vecinos de la Merindad de Trasmiera provistos de "balas,
armas, azadas, hachas y ocejos". Estos se negaron a acudir,
por lo que se dictó orden de prisión para sus
alcaldes y procuradores. Al mismo tiempo, se decretó
el alistamiento de todos los caballos y jacas del Bastón.
Al continuar el estado de alarma, se reclamó la presencia
en Laredo y Santoña de los vecinos del Corregimiento
de Reinosa, que se excusaron de acudir; finalmente, enviaron
noventa y siete, de un total de quinientos que se les demandaba.
Un año después, todavía se reclamaba a
la Junta de Parayas el dinero correspondiente por no haber acudido
a la vigilancia y fortificación de Laredo.
El Corregidor Andrés de Mieses Alvarado, en ejecución
de una Real Orden que informaba del posible ataque de flotas
inglesas y holandesas, decidió en 1701 reconstruir la
batería o castillo "que esta en la villa de Puerto
de Santoña" y armarla con ocho piezas. El repartimiento
consiguiente se hizo sólo entre la Merindad de Trasmiera,
sin que sirvieran de nada sus alegaciones. La obra, de campaña,
precisaba quinientos codos de tabla, treinta barcos de tepes,
veintiocho viguetas y ocho cureñas (es decir, la madera
que fuera precisa para su construcción). En 1731 estaba
en servicio con tres cañones montados.
Su ubicación al pie de la villa defendía ésta
y, al caer sobre la canal, protegía la entrada a la parte
interior de la Bahía; sin embargo, no siempre se le prestaba
mucha atención, y en 1755 tenía sus cinco cañones
inservibles y siendo preciso hacer una profunda rehabilitación,
consistente en "construir un cobertizo, recomponer la explanada
reparar el Almacén, hacerle tejado Puerta y cerrajas
nuevas Como también la puerta principal del Castillo.
San Martín se reparó totalmente aprovechando para
almacén la ermita que le da su nombre. Su aspecto era
muy diferente al poderosísimo fuerte que hoy podemos
contemplar, pues sólo ocupaba una superficie cercana
a los 320 m2 y era capaz para ocho cañones, teniendo
una guarnición de un sargento, tres artilleros y quince
soldados
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| Fuerte
de San Martín, o Batería Baja de San Martín.
Está formada por dos órdenes de fuegos acasamatados
en forma de tambor, y su orden superior a barbeta. Posee lojamiento
de 70 m2; repuesto de 72 m2 y aljibe. Las dos bóvedas
de las casamatas tienen repuestos de piezas. Poseía 14
emplazamientos para artillería en cada piso de las galerías,
y 15 en la barbeta de la parte superior (en total, para 43 cañones).
En 1763, era una gran estructura de más de 675 m2 de
superficie; tenía una batería con ocho cañoneras
y las dependencias se disponían al sur, donde estaba
también su acceso. Poseía un repuesto de pólvora
con entrada independiente, un gran cuerpo de guardia con un
poste sustentador en su centro, y un almacén de pertrechos.
Aún conservaba la ermita de donde tomó su nombre,
ermita que desaparecerá como tal en años posteriores.
Dado lo abrupto del terreno donde se asentaba, la plataforma
quedaba a un nivel más bajo que el resto de las estructuras.
En el informe que acompañaba al dibujo, Joaquín
del Pino aconsejaba que se le dotara de "seis cañones
gruesos" para quedar en perfecto estado de defensa. En
1805 se ejecutaron obras de reparación con fondos del
Material de ingenieros. Su estado actual data de 1859, en que
fue renovado totalmente con fondos del crédito extraordinario
de Guerra concedidos por la Ley de 1º de Abril de 1859,
destinada a la defensa del puerto y su canal. Las obras concluyeron
en 1863, según reza una placa colocada en el frontal
de la puerta principal. En 1916 estaba desartillado, y existía
un plantón para su custodia
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